25 de noviembre: Por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias

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“Hemos borrado las fronteras recorriendo nuestros caminos, atravesando el mar, para reencontrarnos aquí en la solidaridad de mujeres que luchamos, no sintiéndonos extranjeras por nuestras diferentes nacionalidades, nuestras culturas, nuestras lenguas. Hemos logrado romper estos esquemas de pertenencia a un país, a un padre: lo que nos puede hacer sentir extranjeras es el Discurso!”.

Mujer asistente al Primer Encuentro Feminista Latinoamericano, julio de 1981

Por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias

¿Cuántos 25 de noviembre pasarán sin saber que se celebra este día y porque?

Si un 70% de mujeres en el mundo de acuerdo con la ONU sufre de violencia y está en riesgo de ser asesinada por ser mujer, ¿por qué la resistencia a entender que a este acto se le llame feminicidio?

Repasando una parte importante de la historia

Hace 35 años más de 200 mujeres se reunieron en Bogotá, Colombia para celebrar el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe donde se decidió marcar el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres en memoria de las hermanas Mirabal, Patricia, Minerva y María Teresa, activistas políticas dominicanas también conocidas como las mariposas y que fueron asesinadas un 25 de noviembre de 1960 por mandato del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina.

En 1993, La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se definió el término violencia contra la mujer como: Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.

En el año 1999 se designó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer por parte de la Asamblea en razón a que la violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos, es consecuencia de la discriminación que sufre, tanto en leyes como en la práctica, porque persisten las desigualdades por razón de género; afecta e impide el avance en muchas áreas, incluidas la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH/SIDA, la paz y la seguridad; porque se puede prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas. Porque la violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global.

De los hechos a las leyes en Latinoamérica y el Caribe

26 años después de la Declaración de 1993, 12 mujeres latinoamericanas y caribeñas siguen muriendo cada día por el hecho de ser mujeres de acuerdo a un informe de la CEPAL para el año 2016, bajo este escenario y de manera paulatina y reciente, menos de una década, se han expedido en México, Guadalajara, Perú, Chile, Argentina, Colombia, Nicaragua, Bolivia, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana leyes para tipificar el feminicidio como un delito, pero los mecanismos de justicia de cada país no brindan aun las suficientes garantías para proteger derechos, resarcirlos e impedir el asesinato como resultado de todo tipo de violencias sistemáticas.

Otros factores que han favorecido el recrudecimiento del feminicidio

Un problema cultural, social y de salud pública. Las mujeres son acusadas por quedarse con el agresor si es su pareja, no se le acusa socialmente a él y familiares respaldan esta situación, muy pocos no lo hacen, lo que trae como consecuencia que ellas se consideren responsables de las violencias que se ejercen en su contra, decidan guardar silencio o en un intento de vivir en paz se separaren, pero no denuncian, lo que pone en riesgo sus vidas y la de sus hijos, si son mamás. Un agresor legitimado socialmente buscará violentarla de nuevo y/o asesinarla.

De igual manera ocurre con el agresor o feminicida que no está relacionado con la víctima.

Como el resultado de una sociedad que ha normalizado el machismo, el sexismo, el patriarcalismo, la violencia física, psicológica, simbólica y económica contra las mujeres, se les responsabiliza de las agresiones en su contra o de su muerte.

Si por el contrario, una mujer se atreve a denunciar (menos del 10% de acuerdo con la ONU), la inoperancia administrativa, la inexistencia de una cultura judicial sensible a los problemas de género, y la revitimización de medios periodísticos y de funcionarios que reciben las denuncias y las tramitan ocasionará que decida no proseguir con el trámite.

Una mujer que denuncia en Colombia lesiones personales y no quiere seguir el procedimiento podrá desistir de la denuncia en algunos casos, pero si denuncia violencia intrafamiliar desde 2012 o tentativa de feminicidio con fundamento en el Código Penal Colombiano y Ley 1761 de 2015 y ocurre que con posterioridad quiere desistir, no podrá hacerlo, el procedimiento seguirá su curso. En todo caso, si la denuncia no brinda elementos suficientes que prueben la violencia o la tentativa de feminicidio en el curso del trámite, la autoridad competente podría cerrar el caso, lo cual expone nuevamente su vida por las posibles represalias del agresor que queda libre.

¿Qué podemos hacer?

Educarnos. Un primera acción es la implementación de dinámicas familiares y escolares de resolución asertiva de conflictos en equidad de género e igualdad de derechos, y en respecto a la diversidad de las personas involucradas. Sin esta educación se seguirán alimentando toda clase de estereotipos, prejuicios, creencias e imaginarios machistas que no permiten el relacionamiento saludable de cualquier persona con otra, indistinto de su género, raza, credo u orientación sexual, posición política y económica.

Concientizarnos sobre la cultura de la denuncia. Denunciar permite proteger la integridad piscológica y física. Al denunciar las agresiones como conductas delictivas para que el agresor sea sancionado, se protege la vida, se dejan de silenciar las violencias de género y es posible transmitir un mensaje de empoderamiento de derechos a otras mujeres para que también denuncien.

La cultura de la denuncia nos enseña que la justicia es rogada, lo que significa que no podemos esperar a que se haga justicia si no denunciamos.

Para la denuncia y su presentación:

Hacer un relato detallado de los hechos violentos y las agresiones. Tener en cuenta fechas, lugares, personas.

Mencionar en el escrito de denuncia las leyes que sustentan el amparo legal a los derechos vulnerados como resultado de las agresiones.

Nombrar a las personas que pueden brindar testimonio respaldando la denuncia.

Solicitar medidas de protección para que el agresor no se acerque o no viva bajo el mismo techo.

Si el agresor ha reconocido hijos en común, deberá exigírsele una cuota económica para su manutención.

Revisar la denuncia antes de presentarla con el objeto de que no se olvide información relevante que se deba poner en conocimiento de la autoridad que la reciba.

Si la denuncia se realiza de manera verbal y el funcionario que la recibe la consigna por escrito, es necesario revisar que haya escrito todo lo que se ha dicho.

La persona que denuncia debe tener una copia de la denuncia que presentó con la firma del funcionario que la recibió para que le quede constancia y pueda hacerle seguimiento al trámite.

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Ilse Carolina Peña Camargo
Abogada y Directora de Slegalespp
Cofundadora del Colectivo Furas, Fuerza de Mujer
Asesora legal en Movimiento Internacional Feminismo Artesanal
Síguela en @slegalespp