Dejarlos volar, el mayor acto de amor

madre

Cuando nos enteramos que vamos a ser madres, inmediatamente nuestros pensamientos se encaminan hacia todo lo que tenga que ver con esa criatura que comienza a crecer dentro de nosotras. Soñamos y deseamos que sea un bebé sano, con un alma buena y que todo el embarazo transcurra de manera exitosa

Acto de amor

Ellos nacen y son tan pequeños, tan indefensos, tan dependientes; no podrían vivir sin nosotras, nos necesitan. Nuestra vida comienza a girar en torno a la suya, a sus sueños y deseos. Intentamos entonces construir para ellos lo que consideramos serán las bases para su futuro.
Efectivamente pasan los años, ellos van creciendo y empiezan a tener sus propios sueños, sus propias metas y deseos. Y aunque nos parezca lejano el día que deban irse de casa, tarde o temprano llegará el momento.

En mi caso, llegó un poco antes de lo esperado pues mi hija desde muy pequeña quería viajar a estudiar a otro país. Y aunque lo usual es que lo hagan al terminar su colegio y graduarse, ella optó por irse a cursar un año de escuela secundaria tan solo con 15 años de edad.

Todo comenzó como un juego y ambas bromeábamos con el asunto. Así fueron pasando los años. Empezamos a indagar sobre las posibilidades, a preguntar aquí y allá. Finalmente llegó el momento de actuar, había que tomar decisiones. Ella las tomó y yo no tuve otra opción sino apoyarla.

Inicia la aventura de planear y organizar todo lo relacionado con su viaje y para que uno de sus tantos sueños fuera una realidad, (aclaro, tiene muchos otros sueños) Tengo que decir: cuando algo es para ti, realmente el universo conspira. Si las cosas resultan es por una razón, y si no resultan también es por una razón. En un principio pensamos Francia, lo intentamos pero no se dio. Luego como una señal divina apareció Canadá y tal cual como por arte de magia se armó un rompecabezas, pieza tras pieza, todas fueron encajando, una a una a la perfección.

A medida que pasaba el tiempo y se definían diferentes aspectos como el colegio, el lugar de vivienda, la probable fecha de viaje y otros asuntos comenzó mi corazón de mamá a arrugarse. Llegaron muchas inquietudes y preguntas acerca de: si era la decisión correcta, la edad correcta, el país y colegio adecuados, la ciudad más apropiada y si en realidad ella, mi niña de 15 años estaba lista para enfrentarse a tantas situaciones en una ciudad mucho más grande de lo usual en este tipo de intercambios. Fueron muchas las noches sin dormir, aún lo son.

Pero al mismo tiempo un sentimiento de tranquilidad me embargaba, algo especial en las sensaciones, esa intuición que me decía que todo estaría bien y podía dejarla ir. Este asunto de confiar en el universo, de confiar en Dios, en un país extraño pero con tantas bondades, pero especialmente de confiar y creer en ella; en todos los valores enseñados; en el ejemplo que le he dado como madre y padre a la vez. Confiar en su capacidad de enfrentar diferentes situaciones que seguramente se le iban a presentar….Por ahí dicen que uno le entrega sus hijos a Dios y él se encarga.

Y si, se me adelantó el proceso tres años. Tuve que soltarla antes de lo esperado. Dejarla ir de mi lado donde lo tenía todo, de su zona de confort para que fuera un ser independiente a sus 15 años. Quién lo creyera?. Y así fue, en un abrir y cerrar de ojos la estaba entregando en el aeropuerto, viajando sola rumbo a un lugar seguro pero lejano. Ella se fue a Canadá!

De eso hasta hoy han pasado cinco meses, los cuales han sido formadores de un ser humano maravilloso; una chiquita que se me volvió grande de un momento a otro, mucho más responsable (siempre lo ha sido, por eso la dejé partir). Una hermosa estudiante de intercambio que ya maneja muy bien su ciudad, que es una experta en asuntos de transporte (Canadá tiene uno de los servicios de transporte más seguros del mundo), que estudia en un colegio cuyo campus es una hermosura, con toda la modernidad que esto significa; una niña que practica francés e inglés a diario; que tiene acceso a lo mejor en tecnología académicamente hablando; que sabe manejar su dinero, que ha aprendido a ser ordenada y que especialmente se ha defendido sola en un país diferente y con gente de muchas culturas, con pensamientos distintos, algo modernos para nuestro estilo quizás. Personas que la ha acogido con inmenso amor y que se han convertido en ángeles de la guarda para ella. Mucho que agradecer!!

No todo ha sido fácil, las experiencias de intercambio no son tan Hello Kitty. Son experiencias duras por todos los cambios que se suceden. Una familia desconocida y con una cultura totalmente diferente, un colegio muy exigente en el ámbito académico, muy grande en tamaño y número de alumnos, muy tecnológico (más de lo acostumbrado), Un clima muy fuerte con un invierno despiadado. Pero al mismo tiempo, un país seguro y acogedor. Un grupo de amigos que la aman y apoyan. Unas mamas sustitutas que le regaló la vida, unos hermanos tan incondicionales como el mejor de tus hermanos. Que más puedes pedir?

He escuchado que la gratitud es la memoria del corazón y lo comparto. No ha sido fácil, ni para ella ni para mí (escribiré otro post sobre lo que ha sido mi vida sin ella durante este tiempo). Muchas aventuras para ella, muchos aprendizajes para ambas, tiempo para pensar en mí, para dedicarme y amarme, lo necesitaba. También lo he gozado.
Ha sido su experiencia, pero también la mía. Cada una, a 4512 kilómetros de distancia ha vivido lo suyo……vienen más historias, vienen mis historias!!

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