boda matrimonio

Aunque no parezca y los tiempos hayan cambiado, aún vivimos en una sociedad ortodoxa, que considera que el único estado civil que otorga la felicidad es el estar casado y además es el único válido para desempeñarse en la vida de manera “digna”. Cuando salirse del libreto es tan difícil porque no solo te cuestionan sino que te cuestionas. Es ahí más compleja la tarea de vivir la cotidianidad aceptando la realidad: Eres divorciada!!

Divorcio

Me educaron con el concepto del príncipe azul, ese hombre maravilloso que llega como del cielo, te regala flores, chocolates y perfumes. Te llena de detalles y te hace sentir como una reina. Ese hombre que te recoge puntualmente, te abre la puerta del carro, te dice cosas bonitas al oído. ¡¡Si, ese!! El de los cuentos de hadas.

Apareció como caído del cielo y perfecto para mí, no había ningún otro que lo hiciera mejor. Era un príncipe encantado; aunque hoy prefiero llamarlo “un encantador de serpientes”. En todo caso y como eso era lo que me habían enseñado, decidí que había que casarse porque ese era un buen hombre. ( Pero es que de buenos hombres está lleno el mundo).

Mucho se ha escuchado de los matrimonios que se dan muy rápido, algunos exitosos, algunos no. Yo conozco parejas de novios que duraron mucho tiempo antes de casarse, pero que paradójicamente se divorciaron muy rápido. También tengo un par de amigos que prácticamente se comprometieron el día que se hicieron novios, se casaron al mes y llevan muchos años viviendo felices.

Cuando nos casamos queremos hacerlo para toda la vida y el divorcio es un palabra casi que prohibida pues por encima están los sueños, los deseos y la fe en que todo saldrá bien. Pero aterrizas y te das cuenta de que tu única salvación es pasar la página y continuar con tu vida, sola. Es ahí cuando el poder de la fuerza te impulsa a seguir adelante porque la música aún no acaba. Seguirá sonando para ti y tienes el derecho de enamorarte cuantas veces sea posible.

Porque hay que seguir creyendo, a pesar de las circunstancias y de las diferentes situaciones. Algunas mujeres encuentran una pareja fácilmente. A otras nos da más trabajo. Muchas mujeres desean casarse de nuevo, para otras como yo, el matrimonio no es una prioridad. Pero ni siquiera es el deseo de casarse, porque lo importante de tener una pareja no es el contrato que se firme sino el vínculo que se crea. Es saber que esa persona está ahí y con ella puedes compartir momentos maravillosos , también triste y dolorosos.

Y es que la magia del amor, aunque tenga un origen químico también tiene un tinte de sobrenatural e inexplicable. Estas sustancias que segrega el cerebro cuando estás al lado de alguien que te gusta. Miras, respiras y hablas distinto. Todo lo que hace esa persona te encanta. Sus manos, sus dedos, su cabello (bueno, si es que lo tiene), confieso que me siento atraída por los hombres de poco pelo aunque me encantaría tener un novio mechudo. La manera como se viste, como le quedan esos blujeans, como camina. En fin, cuando comienzas a enamorarte estás invadida de químicos sobre todo tu ser y ves el mundo maravilloso.

Pero va más allá, porque cuando el amor quiere llegar lo hace. Busca su camino, atraviesa las distancias y también las diferencias. Una mujer divorciada tiene todas las oportunidades de enamorarse de nuevo, cuantas veces pueda y desee.

El amor duele y también lastima, pero es como un balón de fútbol: cada vez que llega es una nueva oportunidad y hay que jugarlo.

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