El hombre de los jeans

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Yo creo que todas las personas en el mundo hemos tenido un amor de esos inolvidables y enloquecedores. De esos que, aunque pase el tiempo recordamos sintiendo mariposas en el estómago. Pues la verdad es que yo también tengo un amor de esos. ¡Es el hombre de los jeans!

Amor inolvidable

Alto, guapo, bien vestido y muy deportista. Yo creo que me inclino por los hombres deportistas debido a que tengo un par de hermanos que practican mucho deporte y son ejemplo, entonces me consta lo sanos que son y lo bien que la pasan en la vida gracias a la práctica de ejercicios saludables y una buena alimentación.

Nací en un hogar con un papá ejemplar, de esos dedicados y trabajadores. Golfista a morir y nada trasnochador. No hay en mi inventario noches de rumba y borracheras en la familia pues de eso no había en mi casa y, aunque no niego que me encanta tomarme unos buenos drinks y me gusta la rumba, pertenezco a una familia más bien tranquila en ese aspecto.

Este hombre al que me refiero se parece a mi papá y a mis hermanos. Es apuesto, alto y moreno (como me gustan). Muy deportista, juicioso y poco trasnochador. Excelente papá y ser humano. ¡Aclaro que es divorciado! Pero de las cosas que más me gustan de él es ¡cómo le quedan sus jeans!

Recuerdo que una vez yo estaba con mis amigas en una mesa compartiendo. Este hombre llegó y se sentó cerca a nosotras. Mi vista era perfecta y podía ver TODO lo que me interesaba. Entonces les comenté a ellas lo que me producía tenerlo frente a mí.

Es ahí cuando empiezan a fluir esas hormonas que alborotan la química del amor. Las feromonas, las dopaminas, las serotoninas y todas aquellas terminadas en “inas” y que te hacen ver corazones por todas partes. A partir de ese día ellas me molestan con el hombre de los ¡jeans!

Pero más allá de lo que este hombre me inspira cuando se pone sus vaqueros, es lo que produce en mí tenerlo cerca, mirarlo y hablar con él. No es un amor platónico, fue un amor real. Digo fue porque hoy por hoy somos los mejores amigos y no sucede nada entre nosotros más que una gran amistad, pero tengo que decirlo: fue mi gran amor durante mucho tiempo.

Por este hombre me la jugué, luche y le pedí a Dios incansablemente. Hasta que un día entendí que ese amor se iba a quedar así toda la vida y no era posible que evolucionara como yo quería. Es una persona especial y maravillosa. El mejor de los amigos y mi hija lo adora, pero tarde o temprano tienes que aceptar la realidad y es que hay hombres que definitivamente no se quieren comprometer.

Es ahí cuando debes tomar decisiones y seguir adelante en búsqueda de un amor que quiera permanecer, que quiera luchar, que quiera enamorarse junto a ti. Claro, si es eso lo que quieres.

En todo caso, a pesar de mi decisión de terminar con esa relación, no dejo de sentir ese cosquilleo cada vez que lo veo, hablo o comparto con él. Sé que también me quiere y soy muy importante en su vida, pero estoy consciente de que esa relación nunca va a prosperar.

Hablamos por teléfono, chateamos, almorzamos juntos, vamos a cine y nos contamos nuestras historias de vida. Vivimos pendientes el uno del otro. Sé que en él tengo al mejor de los amigos, al más sano y especial. Poco a poco he aprendido a entender que hay hombres que son para tenerlos como amigos y no como un amor.

Ha sido mi gran consejero con mis nuevos amores y me invita a escoger un hombre que valga la pena tener a mi lado. Es indudablemente un ser muy especial del que quiero ser amiga el resto de mi vida.

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