Llenar espacios

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Hace un par de meses conversaba con una amiga muy especial para mí. Yo le contaba acerca de mi proyecto de tener un nuevo lugar para vivir y ella muy contenta con la noticia me dijo: “ Mi Cris (como solía llamarme): Tienes que ser muy juiciosa, no te pongas a comprar cosas solamente para llenar espacios. Cuando tengas tu casa nueva ve comprando poco a poco las cosas que necesites. Ve despacio y no tengas afán”.

Llenar espacios

Y agregó: cuando uno tiene una casa nueva se pone como loco a llenar los espacios. Entonces no hay nada más importante que eso y se vuelve tarea diaria pensar en lo que vamos a comprar. Recorremos almacenes enteros y buscamos en las redes sociales todo lo que esté de moda.

Y “mi Cris”, pueden pasar dos cosas: una es que por comprar todo de una vez comprometemos prácticamente nuestro sueldo porque claro, hay que aparentar: Van a venir nuestros amigos, nuestra familia y tenemos como sea, que dejar el lugar listo. Así es como cada rincón de esa nueva casa comienza a estar ocupado por algo tan costoso que ni siquiera sabemos cómo lo vamos a pagar.

La otra es que, al no tener mucho dinero lo que hacemos es comprar una serie de “muchas cosas baratas y ordinarias”. Cosas de mala calidad que finalmente quedan en manos del comején. Ahhh!! pero hay una tercera, me dijo: Resulta que a veces terminamos con la casa llena de “viejeras” (palabra textual) que nos han quedado de herencia. El nochero de la tía fulanita, la cama de la tía pepita, el comedor de los abuelos. En fin, todo un anticuario.

Cuando ella me decía eso yo pensaba en la frase con la que inició nuestra conversación: “llenar espacios”. Entonces le dije, sabes qué? No solo perdemos plata y tiempo llenando los espacios con cosas materiales. También hacemos lo mismo con el corazón.

Tuvimos entonces una charla más profunda sobre el hecho de que a veces le damos cabida a personas en nuestra vida, pero esas personas no aportan nada, por el contrario se vuelven tóxicas y dañinas. Llegan a robarnos energía. Nos pasa lo mismo que con los muebles, nos dejamos llevar por las apariencias y elegimos mal. Dejamos que las personas entren en nuestros espacios, que abusen de ellos y luego se vayan. Y lo único que logramos es que, en vez de llenarlos por el contrario los dejamos más vacíos.

Mi hermosa amiga me decía “ve despacio y no te pongas a comprar cosas solo porque si”; y de igual manera ve con calma cuando elijas a las personas con quienes vale la pena llenar tu corazón.

Hace poco mi hija me preguntaba: mamá por qué la tierra es de los ricos y el cielo es de los pobres?, yo le respondí: porque cuando nos vamos al cielo no nos llevamos nada más que lo que tenemos en nuestro corazón. Lo demás se queda aquí.

Los seres humanos vivimos librando “batallas del peso” para ver quién gana más, quién tiene más. El mejor carro, el apartamento más lujoso. Nos sentimos unos dioses porque tenemos acceso a las salas VIP o porque nos sentamos en la clase ejecutiva de los aviones a tomar whisky.

Pero se nos olvida que al primero que hay que emborrachar es al corazón. Nada nos ganamos con él vacío. Hay que llenarlo de amor, pero del bueno. Hay que elegir muy bien a los seres humanos que acompañen nuestra existencia. Los espacios del corazón no deben ser muchos, por lo tanto deben ser ocupados por pocos.

Gracias mi Conni hermosa por tus enseñanzas. Te aseguro que ese espacio vacío que dejas en mi corazón no será ocupado por nadie, sin embargo todo eso amor lo verás reflejado en tus hijas, a quienes cuidaremos por siempre.
Hasta Dios amiga!!

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