Me amo y merezco lo mejor

amor propio
Una de las cosas que más nos marca en nuestro diario pensar y actuar, definitivamente son las creencias. Aquellas que aprendimos de nuestros padres y ancestros, de la familia, de las culturas y tradiciones; de las personas e instituciones que acompañaron nuestra crianza y quienes definitivamente nos influenciaron quizás de manera inconsciente.

Amor propio

La sociedad siempre tiene como patrón el hecho de que se debe tener una pareja para ser feliz, es más, aún hay gente que considera que: sin pareja no hay felicidad. Un paradigma que a pesar de los años la gente sigue creyendo. De hecho conozco muchas parejas que siguen juntas solamente por no enfrentar las habladurías de una sociedad perseguidora y criticona, aparentando ser felices cuando viven una realidad muy distinta. Prefieren mantenerse en una relación que no les brinda nada más que aburrimiento, subvaloración, rutina y hasta en algunos casos sumisión y maltrato. Yo no imaginé jamás que fuera tan importante el estado civil de una persona para la sociedad.

Para nadie es un secreto que llevo muchos años divorciada. Tampoco lo es, que las personas que me rodean y me aman han hecho todos los intentos de conseguirme un amor de esos, como que dure para siempre. Y sí, está bien y les agradezco enormemente. Sé que es sincero. Si me preguntan la razón por la cual esto aún no se ha dado, no la tengo. No la sé. Yo entiendo que existen muchas personas que viven en pareja y son felices, no conocen otro estado y por eso no conciben su vida sin ese ser a su lado. Las admiro por eso. Yo solo puedo decirles que soy una mujer feliz, que me gozo mi vida cada día y que soy un ejemplo claro de que para ser feliz se necesita más que el amor del otro, el amor propio.

Cuando comencé a compartir con la gente que conozco la idea de que mi hija viajaría un año de intercambio fuera del país, hubo muchas reacciones al respecto: mientras unos me felicitaban por la decisión tomada, al mismo tiempo recibí unos comentarios casi como de condolencia. Recuerdo muy bien algunas de las frases que me dijeron y también las caras y gestos que hicieron (así como de arte dramático, estilo novela mexicana)

• Se va la niña…. ¡No me digas!, pobrecita tú tan sola, ¿qué vas a hacer?

• No Cris, ¿qué es esto? Pobrecita tú tan sola, si la vida de uno son los hijos.

En realidad, tuve momentos en los que me quería reventar y en ocasiones no pude disimular mi cara de desconcierto al escuchar esas palabras. A esas personas les respondí lo mismo que ahora escribo y es lo siguiente:

No estar casada no significa que estés sola. Solo significa que no estas casada, eso es todo. Puede que tenga una compañía masculina, puede que no. Eso hace parte de mi vida privada.
¿Mi vida son mis hijos?, claro que la vida de uno son los hijos, pero yo también tengo una vida propia que me pertenece y que construyo cada día y eso incluye el disfrute y el goce.

¿Qué voy a hacer sin mi hija durante nueve meses?… pues acá les cuento todo lo que puedo hacer mientras mi hija se encuentra de viaje:

Me matriculé en un gimnasio cercano: Eso significa que me estoy poniendo más linda, mi cuerpo lucirá mejor y estará más saludable. Además de secretar dopaminas, endorfinas, serotoninas; las cuales tienen efectos positivos en mi estado de ánimo.

Me veo con mis amigas más seguido: Eso significa que nutro permanentemente mi corazón y mi alma. Tomaré más vino, lo cual me favorecerá para el corazón y la circulación. Y compartiremos muchos abrazos, que me darán fuerza, amor y mucha energía.

Viajaré más: Podré aventurarme con más libertad, podré ausentarme unos días sin que sea mayor problema, conoceré nuevos lugares, comeré cosas nuevas y deliciosas. Con seguridad en esos viajes tendré muy buena compañía.

Leeré más seguido: Últimamente estoy leyendo los libros de Louise Hay. Me han encantado por la actitud positiva que han influenciado en mí. Porque veo la vida distinta, soy más optimista y porque los cambios internos se ven externamente. La sanación interior se nota en tu exterior.

Alimento mi vida espiritual: No concibo mi vida sin Dios, La Virgen y el Espíritu Santo. Ellos son parte de mi ser, me cuidan y protegen al mismo tiempo que lo hacen con mi hija. ¡Oro permanentemente!

Practico meditación lo cual me ha ayudado muchísimo, porque no solo relaja mi cuerpo, sino mi espíritu. Medito realizando afirmaciones positivas, llamando la abundancia y la prosperidad; la buena energía. Y de que funciona, funciona. Louise Hay dice: “cambia tu conciencia y cambiará tu vida”. Le transmito constantemente esto a mi hija, que ahora está lejos y en ocasiones se siente triste.

Aprovecho para bailar cada vez que puedo… en el gimnasio, en una fiesta, en una salida en la noche con mis amigos…en fin, no pierdo la oportunidad de pegarme una buena bailada, la cual, además de ejercitarme, me alegra mi vida.

No todo es felicidad permanente, sería imposible. También tengo momentos tristes, me hace falta mi hija, la extraño y sufro cuando ella sufre, pero veo una oportunidad en cada cosa, me alegra su experiencia de vida, es formadora. Ella ya es una mujer distinta, ella indudablemente ha crecido.

Y mientras tanto sigo haciendo otras mil cosas: voy a cine, me encanta hacer mercado, estoy cocinando, visito la peluquería con frecuencia. Todo esto lo seguiré haciendo cuando ella regrese, con mayor o menor frecuencia no lo sé. Pero lo único que tengo claro es que mi espacio propio debo cultivarlo, porque me amo y porque lo merezco.

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