Todo sucede en tacones

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Mucho se ha hablado acerca de lo guapas y valientes que solemos ser las mujeres, ya que somos capaces de hacer múltiples actividades al mismo tiempo, agregándole una característica especial y es que muchas de nosotras lo hacemos “en tacones”.

Tacones

Hace poco quedé de reunirme con algunas mamás del colegio de mi hija para organizar ciertos asuntos importantes. Recuerdo que tenía que dejar muchas cosas listas en la oficina para que a mi secretaria le rindiera el tiempo mientras yo regresaba y así pudiéramos avanzar en las tareas pendientes.

Entre la firma de documentos, recibir llamadas, responder el whatsapp y dejar indicaciones, fueron pasando un par de horas y salí a mi reunión con el tiempo preciso. Mientras iba en el camino recordé que tenía poco efectivo en mi billetera y pensaba en la posibilidad de acercarme a un cajero.

Comienzo entonces a pensar en este asunto de elegir entre los diferentes cajeros cercanos y todo lo que tengo que hacer para acceder a uno: buscar parqueadero, bajarme del carro (eso implica tomar mi bolso, el cual está lleno de cosas, revisar que mi celular esté allí. Que nada se caiga en el piso, mirar la billetera e identificar mi tarjeta para poderla utilizar, bajarme del carro con cuidado y más si tengo falda, caminar, atravesar calles, subir escaleras o montar en ascensores; recordar la clave -porque en el banco me la hacen cambiar cada cierto tiempo- y retirar el dinero). Todo lo que implica hacer esa pequeña vuelta.

Entonces, supuse que el lugar a donde íbamos a encontrarnos debía usar esos dispositivos para pago con tarjeta débito y que no tendría por qué enredarme la vida. Y así fue que, más por pereza que por cualquier otra cosa decidí continuar rumbo al sitio de encuentro, aunque confieso que pegada de los santos pidiendo que hubiera un datafono para pagar. (Aunque no me crean, aún hay establecimientos en donde solo se puede pagar en efectivo).
Afortunadamente al llegar a mi destino, la primera pregunta que hice fue. “¿puedo pagar con tarjeta débito?”, gracias a Dios la respuesta fue ¡SI!

Ver: 5 trucos para que tus tacones sean más cómodos

Conversando del tema con una de las mamás que ya estaba en el lugar, comenzamos a pensar en todas las cosas que nos toca hacer a diario y en las que quizás el uso de zapato bajito sería una mejor y cómoda opción. (Tengo amigas que llevan en su carro baletas o sandalias con el fin de no cansarse, pero debido al ajetreo diario, en ocasiones han pasado vergüenzas, pues se les olvida ponerse sus tacones y llegan a las reuniones muy elegantes pero con la “chancla” puesta).
Y como les decía, con mi amiga comenzamos a recordar todas y cada una de las actividades de nuestra vida diaria como ir a buscar esas “pequeñas cositas” que hacen falta para el almuerzo, pero que se convierten en un “super mercado”, el cual hay que cargar, ubicar en la bodega del carro, llevarlo a casa y organizar.

Y así hora tras hora vamos viviendo el día a día, o más bien el corre -corre, recogiendo a los niños en el cole, llevándolos a sus clases de inglés, de natación, de baile; a comer su helado preferido y a la papelería pues justo se les acabaron los lápices de colores y el borrador. En fin, alguna vez en uno de mis Post escribí que uno estudia lo que estudia para terminar de chofer de los hijos, la única diferencia es que en vez de usar un zapato tipo “dotación”, lo hacemos en tacones y falda.

En todo caso, de las cosas que más disfrutamos muchas mujeres es irnos a comprar unos lindos y altos zapatos, sintiéndonos sexys y muy atractivas. Sin importar cuantas cosas tengamos que hacer con ellos puestos, jamás en la vida ¡dejaremos de usarlos!

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