¿Y ahora?

amigas siempre

Hace poco conversaba con una amiga, ella comenzó a contarme cómo le ha cambiado la vida desde que su esposo se fue a trabajar a otra ciudad y solo regresa a casa cada dos semanas. Me decía sobre lo difícil que ha sido adaptarse y enfrentar tantos asuntos sola. La responsabilidad de los hijos, la vida cotidiana, las decisiones y los asuntos inesperados, como por ejemplo tener que llevar el carro al taller.

¿y ahora?

En un momento dado expresó: “oye me quito el sombrero, tú sola y yo me pregunto: cómo eres capaz con tanto?. La empresa, tu hija, tantas responsabilidades, la vida en general. Pareciera que nada te queda grande”. (Se viene a mi mente otra gran amiga a quien adoro y la cual me dice que lo que más admira de mi es la capacidad de sonreír siempre, a pesar de muchas circunstancias).

Después de reírme con ella un buen rato escuchando sus anécdotas, simplemente le dije que la vida nos lleva a enfrentar ciertos retos y situaciones que nos sirven para crecer y darnos cuenta “de qué estamos hechas”, así esto implique que en algunas ocasiones nos sintamos agobiadas y sin fuerzas para seguir luchando.

Digamos que también hay situaciones que se nos van volviendo paisaje, y para bien o para mal, nos vamos acostumbrando. Creo que todo depende de la mirada que le damos a los diferentes momentos. Buscar el lado amable de las cosas, respirar profundo y ocuparse de lo que se va presentando día a día.

Es cierto eso de que “cada día trae su afán” y de nada sirve pre-ocuparnos de cosas que ni siquiera han sucedido. Más bien ocupémonos de lo que realmente hay, de lo real y en lo que podamos impactar con nuestras acciones. Si se presentan cosas que no podemos modificar ni cambiar, para qué nos desgastamos pensando en ellas? Hay que dejarle algunos asuntos al universo, muchas cosas se resuelven solas, como por arte de magia!

Los seres humanos tenemos un pequeño problema que se define en una sola palabra: EXPECTATIVAS!!. Este asunto de pretender que sucedan cosas tal y como las queremos, pero resulta que no es tan fácil. Puede darse todo lo contrario y quizás terminemos sorprendidos recibiendo algo mejor.

Cuando no sucede eso que esperamos nos sentimos frustrados y nos da rabia. Si las personas que amamos no actúan como queremos, de inmediato las juzgamos y hasta castigamos con actitudes que solo forman brechas y distanciamientos.

En el camino por la vida y desde mi divorcio he aprendido que todos somos capaces de enfrentar muchas cosas de la cotidianidad y la operatividad pero también más profundas como las del alma y del corazón. Al mismo tiempo que estamos mercando o ayudándole en las tareas a nuestros hijos, estamos quizás reconstruyendo nuestro corazón por una desilusión; o haciendo maromas con el fin de que el dinero nos alcance para todo lo que necesitamos.

Siempre existirá el famoso “ángel de la guarda” quién nos dará la mano en momentos difíciles: la grúa para el carro varado, el monta llantas cercano; el amigo del taller vecino, el que nos ayuda con las bolsas del mercado. La que transporta tus hijos si estas ocupada, la que te brinda el hospedaje para tu hija después de una fiesta lejos de casa. El que te presta el dinero que necesitas cuando no lo tienes. El que te escucha llorar y te abraza cuando todo parece estar mal. El que te corrige la ortografía cuando estas escribiendo. Siempre hay alguien por ahí listo para darte la mano.

Finalmente, le dije a mi amiga que no se preocupara. Aunque su esposo trabaje lejos, ella será capaz de mantener su hogar perfecto y él lo sabe.

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