¿Cómo Saber si es el Indicado?

el hombre indicado

“Cierto día le pregunté a un hombre sabio: -¿Cómo saber que esa persona es la indicada?  Me respondió (con una sonrisa algo pícara, pero sincera) –Sabrás que es la persona indicada porque lo sentirás en lo más profundo de tu corazón.  Cuando llegue  tu alma te lo dirá, porque no hay miedos, no hay condiciones, no hay dolor, ni sufrimiento, no hay tiempos, ni horarios, ni celos, ni mentiras  solo un  amor verdadero e incondicional.”

Una parte de mí se llenó de alegría y la otra sintió un vacio enorme, inmediatamente en unos segundos hice un recuento de mi vida amorosa, llegando a la única conclusión: en realidad nunca lo he sentido, ¡no me he enamorado!  En un tiempo de mi vida me fije en cosas tan superfluas, como el aspecto, el color de sus ojos, la estatura, su contextura,  la educación,  y hasta en la combinación de su peinado con su pinta.   En otra parte,  me fije en lo que tenía programado desde pequeña por tanta novela y cuentos de hadas como la cenicienta, así que me dedique a esperar mi príncipe azul,  el que con un beso de amor me llevaría al país “Y vivieron felices para siempre”  y así, cual hermosa princesa esta vez llamada “Penélope” (como la canción de Diego Torres) me senté a esperar  y esperar y esperar…. Que llegara mi amado,  y mientras tanto alimentaba mi ilusión con películas con frases como “tú  me complementas”   o “Prefiero haber olido una vez su cabello, un beso de sus labios, una caricia de su mano, que toda una eternidad sin ella” (Un ángel enamorado).
Y poco a poco, lentamente, caminaba de la mano con mi príncipe de turno sumergida  en un enamoramiento que duraba  hasta las 12 de la media noche, cuando su carroza se convertía en calabaza y él en otro sapo en la lista.   Tuve que tropezar, caer, estrellarme y todos los sinónimos que se le puedan colocar a unas cuantas relaciones imperfectas.  ¿Cuánto tiempo tendría que pasar para darme cuenta de esto? ¿Cuántas veces subí a una nube llamada “Enamorada Perdidamente”  en mi  mágico cuento imaginario?  Y también hay que decirlo ¿Cuántas veces yo fui la princesa que se convirtió en sapo? Pensé en el más mínimo detalle, en cada situación, en cada beso, en cada caricia, en cada conversación, en las cosas bonitas de cada persona y en las no tan agradables (incluyéndome).
Luego de un análisis con lupa en los archivos de mi vida sentimental de pareja, me di cuenta que buscaba el amor de la manera incorrecta, estaba tan obsesionada con la idea absurda de un “prototipo de amor” que descuidé lo importante de cada persona y  limite mi idea del amor a crear mentalmente una sección de recurso humano donde minuciosa y automáticamente era rastreada la hoja de vida del individuo en cuestión, a un cargo donde la mayoría o ninguno aplicaba.
Cada persona dejo huella en mi corazón, porque vale más aprender que llenarse de rencor;  me enseñaron a ser tierna, sincera, a valorar cada instante, a sonreír  más, a ser más des complicada y uno que otro sapo me instruyó en el proceso de ser como santo Tomás “hasta no ver NO creer”  y un Ogro me hizo caer en cuenta que tener sexo, no es igual a hacer el amor.  He pasado gran parte de mi vida contradiciéndome, siempre anhelando el amor  y  cuando lo tengo cerca, salgo corriendo como una niña de 4 años asustada de lo que me pueda ocurrir si le abro la puerta.
El hombre sabio tenía razón ¿Cómo saber que es el indicado? Tal vez cuando me desarme, cuando le de alt – suprimir a los requisitos perfectos de un papel; cuando cambie para ser una mejor persona, cuando aprenda a ser libre y amar con libertad.  Cuando   valore a las personas por su esencia, cuando abra mi corazón y abrace el niño asustado que también lleva dentro,  cuando bese su alma y sienta el amor verdadero e incondicional.
editora Muy Femenino post