Ser mamá: La historia tendrá que repetirse

Ana Cris blogger

Aprovechando que es el Día de la Madre y más allá de hablar del asunto comercial que esta fecha genera, quiero escribir acerca del papel que cumplimos las mujeres que somos mamás.

Ser mamá

Alguna vez me dijo una sicóloga: las personas más incondicionales con nosotros, son aquellas a quienes más lastimamos. Esto suele ocurrir con nuestras mamás. Normalmente las relaciones humanas son recíprocas: esposo-esposa; amigo-amiga y en general donde ambos dan y reciben. Es decir, debe existir un equilibrio. Pero en el tema de los hijos es muy distinto y este famoso equilibrio finalmente se da solo cuando somos padres. En resumen y como dice mi mamá: “la vida es la repetición de la repetidera”.

Cuando nuestros hijos nacen hacemos muchos planes con ellos, soñamos con educarlos de la mejor forma y luchamos incansablemente para que no les falte nada. Los llenamos de amor en todas sus formas y expresiones, porque lo que si es cierto, es que lo que siente una madre por sus hijos es algo sobrenatural.

Poco a poco van creciendo y los vamos acompañando en cada una de sus etapas. Como soy mamá de una niña solo vienen a mi mente las muñecas y bebés que tenía cuando era más chiquita. Su afición por las barbies, la cual heredó de mí. Las veces que juntas tomábamos café en su vajilla de plástico y “chismoceábamos” sobre la vida jugando en su cocina de Fisher Price. Los peinados que le hacía para el colegio, los momentos juntas en la piscina cuando aún le daba miedo soltarse de mí. Sentir su piel mojada, sus cachetes sobre los míos. Cuando arruncharnos en mi cama era nuestro mejor plan. Todo eso hoy es un grato y dulce recuerdo que llevo en mi corazón. Ella ya creció, no es la misma.

Hoy su mundo ha cambiado, tiene una mirada distinta, habla y piensa distinto. Ya tiene sus propios planes, sus propios sueños y metas. Manifiesta con mucho carácter y criterio lo que piensa, sin miedo. Defiende lo suyo, marca su territorio y coloca límites claros y precisos.

Un día me di cuenta de que ya no soy su único amor, (incluso en ciertos momentos creo que soy lo que menos ama). Ya le estorbo a ratos, le molestan mis palabras y hasta el tono de mi voz. Ya no soy la mamá más bonita ni la mejor vestida. Me cuestiona mi forma de pensar, mi forma de vestir y hasta la manera de hablar. Ya no soy su ídolo.

Todo eso es normal, dicen los sicólogos. Es el proceso de crecer, de querer pertenecer a un grupo de amigos y amigas; a las modas, al entorno actual en el que ni la mamá ni el papá caben. En resumen: ella está aprendiendo a vivir su propia vida!
Sin embargo, así se sienta grande e independiente y quiera soltarse, aún no está preparada para hacerlo. Cuando de nuevo sucede y se da cuenta de que aún me necesita, se frustra! La verdad, en esos momentos en los que la palabra “mamá” suena como un grito de auxilio: ven a salvarme porque tengo sed, se me rompió el vestido, no entiendo la tarea, no encuentro las medias o un simple: “princesa que hay de comida?”

Es justo ahí, cuando recurre a mí y le brillan sus ojos grandes, me mira con amor, agradece y sonríe. Entonces pienso que no importa lo que yo haya tenido que pasar para tenerla a mi lado. De todos modos ha valido la pena.

Los hijos crecen, nos llevarán en su corazón y en su mente. Nuestras enseñanzas y valores prevalecerán a través de los años y actuar permanentes. Pero cuando llegue el momento tendrán que vivir su propia vida y de nuevo la historia tendrá que repetirse!

Mi Mariale… Haces que mi corazón vibre, haces que mi corazón cante. Tú le das sentido a mi vida y es allí donde entiendo que nada ha sido en vano. 

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